Iñaki Sarasua: “Hay que asumir riesgos, si no, ¿para qué estamos aquí?”

(Vida marianista nº 102. Enero 2020 )

Pocas semanas después de iniciar su servicio como nuevo Superior Provincial de los marianistas, charlamos con Iñaki Sarasua. Transmite esperanza, alegría y sencillez. Y también ideas claras y confianza en Dios para afrontar nuevos tiempos y nuevos retos, que en el fondo son los de siempre: hacer lo que Dios quiere de nosotros aquí y ahora. Sí, eso tan marianista del “haced lo que Él os diga”.

P: Superior provincial de los religiosos, ¿esto qué es, un sueño, la cima, un dolor de cabeza…?

R: Una de las cosas que a mí siempre me han gustado de los religiosos marianistas desde que los conozco es que nadie ambiciona cargos. Y me parece que eso es una gozada, que habla bien de la Compañía de María. Siempre he sentido que no es teoría eso que se dice de que la autoridad se entiende como servicio, sino que es real. Los superiores generales que he conocido, igual que los provinciales o de comunidad, son gente que acepta el encargo casi a regañadientes, porque se lo han pedido, por puro espíritu de servicio. Eso es lo que he mamado durante treintaitantos años y yo, sinceramente, lo vivo igual.

P: Hablando de los retos que enfrentas, ¿cuáles son los más urgentes, los más perentorios?

R: Lo primero que me sale es que el reto de fondo es único: cómo responder aquí y ahora a lo que Dios quiere de nosotros en nuestra sociedad del siglo XXI. Ese es el reto. En el fondo se trata de fidelidad a la vocación recibida y a la misión encomendada.

Pero claro, la fidelidad no es algo estático; así que toca estar muy alerta para responder con creatividad, y para eso yo creo que hay que hacer tres cosas. Lo primero escuchar, escuchar mucho: cuáles son las necesidades, el lugar, las llamadas de Dios hoy para nosotros. Luego realismo, porque somos los que somos, tenemos las fragilidades que tenemos, de edad, de número. Y a la vez, valentía. Escucha, realismo y valentía, porque al final hay que asumir riesgos. Si no ¿para qué estamos aquí? Se trata de asumir riesgos evangélicamente, confiando en el único que no falla, que es Dios.

P: ¿Le podrías poner nombres concretos a esos retos?

R: Por ejemplo, un reto es que nuestra misión educativa responda a las necesidades de los tiempos nuevos y que, a la vez, sea sostenible. Eso pasa por la misión compartida, por generar nuevas estructuras que aseguren en el tiempo la fidelidad al carisma y la sostenibilidad de las obras con nuevos equipos de gobierno, donde, lógicamente, los laicos cada vez tengan mayor peso.

Junto a ese reto, está el de cómo lograr que vayan de la mano las dos grandes plataformas que tenemos en el terreno educativo: SM y la red de colegios.

Y luego, está el reto de fondo para los religiosos, que tiene que ver con la significatividad. Cómo crecer en significatividad para los que nos rodean, como religiosos marianistas. Nuestra misión básicamente es ser signo, signo profético a la vez que entendible y creíble hoy.

P: Has hablado de misión compartida. La Familia Marianista ¿qué retos conjuntos tenemos?

R: Creo que si nuestro desafío de fondo era cómo responder aquí y ahora a lo que Dios quiere de nosotros, en realidad ese reto es común, es de toda la Familia Marianista.

En eso tenemos claramente una concreción muy compartida, porque lo que Dios nos pide hoy a nosotros pasa claramente por ser lo que somos, es decir por ofrecer un testimonio de una Iglesia mariana, que es real y factible hoy. ¿La Familia Marianista qué tiene que hacer? Pues, dar gratis lo que ha recibido gratis. Y hemos recibido un carisma muy bello y fecundo, que produce, entre otras cosas, un modo concreto de ser Iglesia: comunidad antes que institución, con relaciones de familia, religiosos y laicos juntos, con una diversidad enriquecedora, donde todo el mundo tiene sitio y aporta. Y eso nos toca ofrecerlo a la Iglesia. Pero sin quedarnos en lo más fácil y llamativo (las relaciones menos jerárquicas, etc.), sino cultivando la raíz profunda. Porque una Iglesia realmente mariana tiene su cimiento en la fe, fuerte y honda, la del corazón, como insistía Chaminade. Y, por eso mismo, es también una Iglesia muy misionera, que no se queda en lo devocional y en el grupillo afín, sino que siempre sale al mundo, una Iglesia en salida a las periferias, desde el inicio. Eso también es mariano.

Es bonito ver que en los últimos documentos y encuentros grandes de las ramas, esta concreción carismática va saliendo. Ha pasado en nuestro Capítulo General del año pasado; en el de las Hermanas salió con mucha fuerza; en el último encuentro de las CLM salió, y en los últimos documentos del Consejo Mundial de las CLM hay también afirmaciones muy claras en esa línea. Parece como que el Espíritu sopla de manera coincidente en todas las ramas. Y creo que estamos tomando conciencia de ello.

P: Ya me habías contestado qué tienen que ofrecer los religiosos marianistas a la sociedad, la significatividad…

R: Así como hemos avanzado bastante en planteamientos de misión compartida y también de ser Familia, yo diría que nos falta tener más claro que en esa familia cada vocación tiene su aportación propia, insustituible. ¿Cuál es la aportación más propia y significativa de los religiosos? Básicamente el testimonio radical y alegre de la primacía de Dios en nuestra vida. Mostrar con nuestra vida que es verdad eso de que “solo Dios basta”. Que, cuando Él es lo primero, todo lo demás se ordena de modo adecuado y fecundo. Eso, que es muy propio de la vida consagrada desde los inicios, al estar tan en contacto con el mundo y en obras donde se supone que hay que lograr efectividad, se nos puede haber ido olvidando. Pero es la aportación principal que tenemos que ofrecer, y es lo que los laicos esperan y necesitan de nosotros. No tanto que seamos excelentes profesionales, sino que seamos lo que tenemos que ser. Primacía de Dios, vida comunitaria y disponibilidad absoluta para la misión: son las tres características que la vida religiosa marianista debería de ofrecer, también dentro de la Familia.

P: ¿Vocaciones o falta de vocaciones, ¿cómo se aborda este asunto?

R: A mí me gusta siempre el planteamiento en positivo, porque soy de los que ven el vaso medio lleno y no medio vacío. Pero, más allá de eso, que sería simple optimismo, lo que de verdad cuenta es la esperanza, que es otra cosa distinta. Y en esto de las vocaciones, que siempre es un misterio, más vale colocarse en la esperanza. ¿Por qué seguir creyendo en las vocaciones a la vida religiosa marianista? Pues porque Dios sigue llamando, como lo ha hecho siempre, sea en la forma que sea. La fidelidad de Dios no va a fallar, y esa es la clave de nuestra esperanza. Creo que la vida religiosa sigue siendo necesaria. Seguramente seremos menos, sí, pero creo que somos necesarios, como signo profético. La vida religiosa siempre ha sido desde el inicio una cosa minoritaria, muy de levadura pequeña en la masa, pequeña pero llamativa, significativa. Habrá que estar muy abiertos a lo que los tiempos necesitan y a lo que nuestras fuerzas den, pero yo creo que vocaciones hay y habrá. Nuestra tarea va a ser, sin desanimarnos, primero ser buenos instrumentos de esa llamada, porque lógicamente Dios llama a través de personas, y después acompañar bien a las personas que sientan esa llamada y deseen discernirla.

P: ¿Por qué lanzarse a un proyecto como el nuevo colegio en Bauru, en Brasil, en estos tiempos? Con ojos empresariales uno pensaría ¿dónde vais, si no tenéis gente para hacerle frente?

R: Esta es una apuesta clara de valentía. La solución más sencilla habría sido traernos de vuelta a España a los pocos hermanos que quedan en Brasil, después de 45 años de vida entregada allí. Pero 200 años de historia que acabamos de cumplir en educación nos recuerdan que este ha sido un medio privilegiado de evangelización para la Familia Marianista y concretamente para los religiosos. El padre Chaminade, desde el principio, tenía claro que estaba abierto a cualquier medio para evangelizar. Pero, en 200 años, no hemos sabido hacerlo en ninguna otra plataforma con tanta fecundidad como en los colegios: hemos aprendido a generar alrededor de obras educativas una comunidad viva que contagia, que acoge, que atrae y además irradia hacia fuera. Y de ahí han surgido comunidades laicas marianistas y vocaciones cristianas de todo tipo, también consagradas,

Eso en Brasil no se había probado, no lo habíamos hecho hasta ahora. El motivo más disuasorio era el hecho de que allí no hay posibilidad de educación concertada y la privada tiene un coste alto, por lo que solo acceden a ella quienes pueden pagarlo, la clase acomodada. Y hasta ahora los marianistas en Brasil siempre habíamos trabajado con los sectores más pobres. El Proyecto Caná de Bauru es el exponente más claro: educación no formal en tiempo extraescolar con niños de las favelas. Ahora, analizando la situación, hemos visto que puede haber un camino evangélico interesante si conseguimos conectar los dos polos. Estando el proyecto Caná y el colegio Chaminade en la misma ciudad, permite unas sinergias muy positivas: sostenimiento económico, becas, voluntariado, formación conjunta de educadores…

La apuesta es gordísima y compleja, sin duda, pero creemos que merece la pena asumirla. A ello nos ha animado mucho la Familia Marianista de Brasil, las CLM, algunos de cuyos miembros conocen bien el mundo educativo brasileño.

P: Hemos hablado de los colegios marianistas… ¿algo más que decir?

R: El nuevo espacio Ágora que se ha construido en el colegio de Valladolid entra dentro del mismo razonamiento. ¿Por qué apostamos por estas cosas? Porque creemos en el potencial evangelizador que un colegio convertido en comunidad cristiana puede generar. Valladolid tiene la peculiaridad de que no tenemos ya comunidad de religiosos allí, como ocurre en Santa Ana desde hace una década.

Santa Ana en su momento y ahora Valladolid nos están demostrando que son colegios que mantienen una identidad marianista muy fuerte. Hay una apuesta seria, desde el equipo de dirección y el claustro, por la transmisión del espíritu marianista, y los frutos los vemos.

El nuevo Ágora de Valladolid es una apuesta arquitectónica y pedagógica muy interesante, de tiempos nuevos. Ofrece un espacio muy adecuado para múltiples actividades, incluidos conciertos, conferencias y eventos abiertos a la ciudad. Además de sacar un gran foro circular donde había un patio interior en desuso, la antigua iglesia del colegio se ha reconvertido y en ese espacio se ha hecho un oratorio, una capilla pequeña estéticamente muy acertada, varios espacios pastorales, una biblioteca, etc. Las grandes celebraciones, que serán pocas al año, se llevarán a cabo en el Ágora, que es un espacio luminoso válido también para eso.

P: La mayor alegría en estos primeros meses como superior…

R: Hasta ahora, los votos de Gustavo, el novicio brasileño. De alguna manera inicié mi servicio de provincial allí, estando diez días en Brasil, donde además celebramos la bendición del nuevo colegio de Baurú.

Otra alegría más de fondo para mí es la bondad que uno descubre en los hermanos. En estos meses me habré entrevistado ya con unos 70 marianistas y si algo me da esperanza es encontrarme con hermanos que, a pesar de sus limitaciones de todo tipo (personales, de historia, de defectos que tenemos todos), son gente de vida entregada y fe profunda, que te dice: yo estoy aquí para lo que Dios quiera, me cuesta, pero yo voy a ir donde haga falta, estoy aquí para servir, me fío de lo que Dios tenga pensado para nosotros en el futuro…  Para mí la mayor alegría es esa, descubrir que en la bondad de las personas está Dios mismo presente y actuando.

P: ¿Y la mayor esperanza?

R: Pues yo diría que esa misma. Antes lo hemos comentado: no es optimismo, es esperanza, porque la esperanza se basa en la fidelidad de Dios, y esa no falla nunca.