El papa Francisco ha sorprendido a algunos al publicar una encíclica sobre la Santidad. ¡Pero el Vaticano II ya dedicó uno de los capítulos de Lumen Gentium a la Vocación de todos los cristianos a la Santidad! Y ese capítulo 5º es una joya del concilio y hace historia sobre este tema, al acreditar definitivamente: primero, la espiritualidad de San Francisco de Sales afirmando que la santidad es un don y un compromiso de todos los cristianos, y segundo, diciendo que solo hay “un estado de perfección” en la Iglesia: el de los que aman como Jesús amó.  ¡Volvamos a leer Lumen Gentiun cap 5! Es cierto que ningún papa tras el concilio ha escrito explícitamente sobre la Santidad, aunque esté presente implícitamente y continuamente en el magisterio escrito y testimonial de los papas. Pensemos en el precioso texto “Dios es amor” de Benedicto XVI. Porque como dice el mismo Jesús en el Evangelio: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”, versión lucana (6,36), de la de Mateo (“Sed perfectos…” 5,48). Porque la santidad es un regalo de amor del que se vive, tal como dice Francisco:

“La santidad es vivir en unión con Jesús los misterios de su vida. Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él. Pero también puede implicar reproducir en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor. La contemplación de estos misterios, como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes. Porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio», «toda la vida de Cristo es Revelación del Padre», «toda la vida de Cristo es misterio de Redención», «toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación», y «todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en él y que él lo viva en nosotros». El designio del Padre es Cristo, y nosotros en él. En último término, Santidad es Cristo amando en nosotros, porque «la santidad no es sino la caridad plenamente vivida». Por lo tanto, «la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya». Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo”.

Leer o descargar la encíclica:  Gaudete-et-exsultate